Ya conocéis mi afición, más mi amor, por los westerns y cuán difícil me resulta elegir los 5 mejores de la historia... Pero una cosa he notado: en esas difícilmente 5 elegidas, hay tres o cuatro en las que aparece él... "Seis pies de alto", inclinado hacia el costado, andares peculiares, siempre con su rifle y su pañuelo al cuello... Un físico inconfundible que dio vida a los héroes y antihéroes de las grandes llanuras desiertas: Tom Doniphon, Ethan Edwards, Cole Thornton, Ringo Kid... Un personaje, en resumen, que transmitía una sensación de seguridad, de poder y, en muchos casos de honestidad, amargura y soledad... No era un hombre sedentario, siempre llegaba a un lugar y se reencontraba con su pasado, para volver a dejarlo atrás, tenía raíces y, paradójicamente, no le aferraban a ninguna parte. Y siempre dejaba algún corazón encogido a su paso.Bien, este mes de junio se cumplen 30 años de su muerte y por los homenajes que le hacen en algunos canales, han coincidido esta tarde dos de mis favoritas en televisión, Centauros del desierto y El Dorado, dos filmes muy distintos con algo muy común: la búsqueda. Y como me he dado cuenta de que en eso consiste un poco esto de vivir, en buscar, es por lo que se puede explicar este amor por un género, a priori, ajeno. Y hoy siento que tengo que decirlo: amo el western, adoro las películas de John Wayne y los grandes momentos de complicidad que he compartido con mi madre mientras las veía. Porque somos un poco como ese caballero alegre y audaz que de día y de noche cabalgando va y canta su canción, mientras sigue osado en busca de El Dorado... Montes de luna cruzando, bajando a valles de sombra y siempre cabalgando.

