Hace ya casi un año, el 13 de enero de 2009, escribí en otro space de estos cósmicos lo siguiente:
Pérdidas memorables
Sabéis eso que suelo decir acerca de mi memoria, que no puedo evitar recordar todo, que tengo un almacén mental espacioso que admite pilas y pilas de momentos, personas, nombres, títulos y más cosas que involuntariamente se han quedado ahí y que no puedo borrar pulsando un botón. He de reconocer que algunos de esos recuerdos se han quedado a fuerza de hacerlos presentes cada día en mis conversaciones y en mis fabulaciones. A pesar de ser, ciertamente dolorosos. No sé si es cuestión de obsesión, de fijación mental, de focalización, y acabarán cayendo en la sombra tras otros más recientes. Supongo que es así como funcionan estas cosas. Por otra parte, esta memoria que estoy describiendo como prodigiosa, casi, me ha ayudado bastante en cuestiones de estudio, así que algo bueno y algo malo. O quizás no haya nada de malo. A lo mejor se trata de aprender de lo vivido, de tener presente nuestra historia personal y de alegrarnos de cuando en cuando con la llegada de uno feliz desde un pasado remoto o reciente. Y el subconsciente... Ah, el subconsciente también actúa. Borges decía que "sólo una cosa no hay" y esa cosa es el olvido y cada día me doy cuenta de que por mucho que recemos por el olvido, que lo cantemos y que escribamos sobre él, es algo que no existe o que al menos no es definitivo. Nada está determinado al olvido, ni las personas ni las cosas que vivimos. Todo está ahí para ser rememorado, para ser sacado a bailar.
Hay una película de Woody Allen, "Otra mujer", que me emociona muchísimo siempre que la veo. Y es raro, como todas las emociones que no son reflejo directo de nuestra trayectoria, porque no sé qué hay en esta mujer, en Marion Post, que me conmueve. Pero hay una reflexión suya que me parece extraordinaria, que básicamente viene a preguntar: "¿un recuerdo es algo que se tiene o algo que se ha perdido?" Y creo que viene a esta memoria un significado: "recordar" procede del latín "volver al corazón".
Y es que todos hemos dado mil vueltas a esta cuestión, o venga, concretando, yo siempre lo he hecho. El otro día me encontré con este increíble poeta, José Emilio Pacheco y con este poema que expresaba lo que he andado repitiéndome (y repitiéndoos) durante, creo, ya meses:
Sabéis eso que suelo decir acerca de mi memoria, que no puedo evitar recordar todo, que tengo un almacén mental espacioso que admite pilas y pilas de momentos, personas, nombres, títulos y más cosas que involuntariamente se han quedado ahí y que no puedo borrar pulsando un botón. He de reconocer que algunos de esos recuerdos se han quedado a fuerza de hacerlos presentes cada día en mis conversaciones y en mis fabulaciones. A pesar de ser, ciertamente dolorosos. No sé si es cuestión de obsesión, de fijación mental, de focalización, y acabarán cayendo en la sombra tras otros más recientes. Supongo que es así como funcionan estas cosas. Por otra parte, esta memoria que estoy describiendo como prodigiosa, casi, me ha ayudado bastante en cuestiones de estudio, así que algo bueno y algo malo. O quizás no haya nada de malo. A lo mejor se trata de aprender de lo vivido, de tener presente nuestra historia personal y de alegrarnos de cuando en cuando con la llegada de uno feliz desde un pasado remoto o reciente. Y el subconsciente... Ah, el subconsciente también actúa. Borges decía que "sólo una cosa no hay" y esa cosa es el olvido y cada día me doy cuenta de que por mucho que recemos por el olvido, que lo cantemos y que escribamos sobre él, es algo que no existe o que al menos no es definitivo. Nada está determinado al olvido, ni las personas ni las cosas que vivimos. Todo está ahí para ser rememorado, para ser sacado a bailar.
Hay una película de Woody Allen, "Otra mujer", que me emociona muchísimo siempre que la veo. Y es raro, como todas las emociones que no son reflejo directo de nuestra trayectoria, porque no sé qué hay en esta mujer, en Marion Post, que me conmueve. Pero hay una reflexión suya que me parece extraordinaria, que básicamente viene a preguntar: "¿un recuerdo es algo que se tiene o algo que se ha perdido?" Y creo que viene a esta memoria un significado: "recordar" procede del latín "volver al corazón".
Y es que todos hemos dado mil vueltas a esta cuestión, o venga, concretando, yo siempre lo he hecho. El otro día me encontré con este increíble poeta, José Emilio Pacheco y con este poema que expresaba lo que he andado repitiéndome (y repitiéndoos) durante, creo, ya meses:
Memoria
No tomes muy en serio
lo que te dice la memoria.
A lo mejor no hubo esa tarde.
Quizá todo fue autoengaño.
La gran pasión
sólo existió en tu deseo.
Quién te dice que no te está contando ficciones
para alargar la prórroga del fin
y sugerir que todo esto
tuvo al menos algún sentido.
Y quizá este sea el último post de este extraño-año... Quizá el dichoso balance, los consabidos propósitos y los deseos imposibles quieren hacerse un hueco en este blog. Quizá así sea. Tal vez no es posible dejar de desear (afortunadamente), dejar de hacer planes, a pesar de que la vida no está diseñada para ello, ni comparar cuánto de bueno, cuánto de malo, si ha sido una buena cosecha o si, por el contrario, este año el vino nos ha salido peleón. En realidad, mirando atrás, mirando adelante, el único deseo sensato sea mirar menos y ver más la vida que nos rodea y el compromiso que nos une a ella. Compromiso, palabra que a unos agobia, sentimiento definitivo, que me proporciona hoy por hoy todo el sentido.

