sábado, 30 de enero de 2010

Esa señora

Últimamente, cada vez que hago una de mis bromas absurdas, me da por pensar que podría hacer con ella un grupo en el facebook. La pena es que estoy segura de que ya existe, que no he inventado nada nuevo, jo! Sobre todo, cuando te has encontrado con los más descabellados, algunos de los cuales me han hecho reír mucho, como el de las “señoras que quedan para ir a andar” o “señoras que llevan una bolsa en la cabeza cuando llueve”. Aparte del evidente toque kitsch, creo que se debe a que me recuerdan a mi infancia porque, por si no os habíais percatado, el friki no nace, se hace. Y es que se cruzó ante mí uno que decía: “mi madre también miente con la hora cuando me despierta”, y es algo que la mía no hace nunca, ni recuerdo, pero esa mentirijilla me ha recordado a otras que dificultaban mi comprensión del mundo adulto, o del mundo en sí. “¿Qué hora es? La ciento tres”, “¿Qué hay de comer? Lechugas romanas”, “¿A dónde vais? A la leva del higo pala” y todo con el mero objetivo de hacer rabiar. Y es que tardé años en saber lo que era una lechuga de Roma, ni más ni menos, que igual que las que había en el frigorífico. Ni digo la poca gracia que me hacía eso de “la ciento tres” (y aunque es cierto que qué más me daba la hora que era, venga ya, son ganas de crear incertidumbre). Y lo de los higos de pala, bueno, corramos un estúpido velo, porque ya era yo carlanca (dícese en mi pueblo de los que tienen edad sobrada para comprender las cosas) cuando, harta de ver las paleras, caí en la cuenta de la referencia. No obstante, creo que debería darle las gracias por haberme creado misterios a partir de lo más cotidiano. En fin, “señoras que dicen mentiras a sus hijos que crean misterios al estilo de Cortázar”. Qué homenaje... ¡Ahí es ná!

domingo, 24 de enero de 2010

¿Qué va a pasar ahora?

- Es cierto que soy viejo –repuso Govinda-, pero nunca he dejado de buscar y nunca dejaré de hacerlo: creo que tal es mi destino. Y me parece que también tú has buscado. ¿Quisieras decirme unas palabras, honorable?

- ¿Qué podría decirte, oh venerable? –replicó Siddhartha-. ¿Quizá que buscas demasiado y que a fuerza de buscar ya no encuentras?

- ¿Cómo así? –preguntó Govinda.

- Cuando alguien busca –dijo Siddhartha-, suele ocurrir que sus ojos sólo ven aquello que anda buscando, y ya no logra encontrar nada ni se vuelve receptivo a nada porque sólo piensa en lo que busca, porque tiene un objetivo y se halla poseído por él. Buscar significa tener un objetivo. Pero encontrar significa ser libre, estar abierto, carecer de objetivos. Tú, honorable, quizás seas de verdad un buscador, pues al perseguir tu objetivo no ves muchas cosas que tienes a la vista.
Siddhartha, Hermann Hesse

Este es el último libro que he leído y me ha tocado de una manera especial. La búsqueda es un lugar común, quién no ha pensado en el dichoso verbo y en si la vida está en función de un objetivo. Me acuerdo siempre de El árbol de la ciencia, una novela que leímos muchos en COU y que, en tal coyuntura, representaba una revelación (“Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido, sin brújula, sin luz adonde dirigirse ¿qué se hace con la vida?”). Y es casi gracioso, porque en aquel entonces nuestros problemas existenciales eran más un anticipo de lo que vendría después, que una realidad. Quizá por ello Siddhartha es también una novela muy apreciada por el público adolescente, porque surgió en un momento crítico para Hesse, unos años de dudas personales provocadas por la contemplación de la irracionalidad humana, de la vergüenza y la aniquilación. Era 1922 y la Primera Guerra Mundial ya había acabado, y no sabían que otra estaba por llegar. Otras.

Y ciertamente a muchos parecerá algo manida como idea, pero la vida no deja de ser un conflicto en el que parece que tienes que buscar algo que ya habías encontrado (o no) y se te había perdido sin saber. Y aunque en alguna ocasión así me lo ha parecido, que la vida es una búsqueda, me he dado cuenta de que puede serlo para muchos, quizá para todos en algunos momentos, pero no para mí, no ahora, no aquí, porque tal como dice Siddhartha a Govinda, de tanto perseguir una cosa, dejas atrás muchas otras en el camino. O lo que es lo mismo, el árbol (científico o no) te impide ver el bosque, ese mismo que ahora me parece maravilloso. Y lo más importante, observar, disfrutar, engrandecer el presente, porque como dice Rick en Casablanca, “sigue siendo una historia sin final, ¿qué va a pasar ahora?".




martes, 12 de enero de 2010

Aunque sean dos semanas

Y para comenzar este 2010, que no me atrevo a gafar llamando esperanzado o prometedor, una preciosa canción de un grupo al que pienso escuchar mucho. Porque no importa el tiempo ni el espacio, que por ahí llaman relativos. Porque hay que guardarse un poco de esa rutina de cada día, en la que tanta belleza encontramos, a veces, y tanto nos empuja hacia delante. Porque en dos semanas puedes vivir toda una vida y en dos años ni darte cuenta de esas cien que han pasado. Porque hay que hacerlo fácil y recorrer un poco de camino, aunque sea la cuarta parte de una mitad. Porque hay que quedarse para el otro. Porque se han quedado para ti.




Ahorra para todos los días
Un malestar de rutina
Justo como ayer
Te dije que me quedaría

¿Lo harías siempre?
¿Quizá alguna vez?
¿Hacerlo fácil?
Tómate tu tiempo

Piensa en todas las formas
Por un momento
Justo como ayer
Te dije que me quedaría

Cada vez que lo intentas,
Un cuarto de media milla,
Justo como ayer
Te dije que me quedaría.

¿Lo harías siempre?
¿Quizá alguna vez?
¿Hacerlo fácil?
Tómate tu tiempo.