Con la llegada de agosto parece que se puede considerar medio verano ya ido y he estado dándole vueltas a lo que representan las estaciones en nuestras vidas, pequeños ciclos que nos hacen empezar y acabar sin fin (con la ilusión de un sin fin, claro). Y he advertido que, por supuesto, todos los comienzos y finales son importantes pero, como digo, he notado que el verano siempre resulta, de alguna forma, trascendente.
El verano es una época extraña... El que se va a la playa o a la montaña, el que viaja, el que se escapa por el que no, en definitiva, llega al cierre de ese paréntesis estival, que da como resultado algo muy raro y es que el final del verano es el final de muchas cosas, ya sea de la despreocupación de la ocupación, de las tórridas temperaturas o ya de los amores, por qué no, que se lo digan a Nino Bravo, a Airbag, a la reciente Amaral o a Los Planetas, que no sólo pierden al final del verano, sino durante. Y esto es simplemente algo que recuerdo...
El verano es una época extraña... El que se va a la playa o a la montaña, el que viaja, el que se escapa por el que no, en definitiva, llega al cierre de ese paréntesis estival, que da como resultado algo muy raro y es que el final del verano es el final de muchas cosas, ya sea de la despreocupación de la ocupación, de las tórridas temperaturas o ya de los amores, por qué no, que se lo digan a Nino Bravo, a Airbag, a la reciente Amaral o a Los Planetas, que no sólo pierden al final del verano, sino durante. Y esto es simplemente algo que recuerdo...
Sí, hay un sentimiento, una inquietud que se agudiza en verano, cuando la actividad laboral se frena, cuando el clima incita a salir, cuando el cuerpo y la mente se hallan más dispersos de lo normal. Y leyendo Caos calmo de Sandro Veronesi, he llegado a un capítulo en el que Pietro Paladini, su protagonista, pone palabras a este estado físico y mental: "sereno, con el corazón repleto de caos y de tranquilidad...".
Siempre me han encantado las definiciones paradójicas, el célebre muero porque no muero, en parte de por lo obvio, porque tienen algo de indecisión y eso me gusta. Puede que las paradojas sean un caos calmo también y no sólo viceversa... Y que nunca se sabe dónde puedes terminar o empezar. Y así es, en ocasiones, el verano. Y así es la vida. Como digo, esto es simplemente algo que recuerdo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario