Parece que si no pones por escrito algo, no terminas de entenderlo. O al menos, para concretar, ese es mi caso. Desde hace años, cada examen o presentación que he tenido que estudiar lo he hecho mediante esquemas o resúmenes, algo tendrán de aclaradores. Así que, a toro pasado, voy a poner por escrito las sensaciones de 2010 o lo que es lo mismo, voy a hacer el clásico balance.
Partiré de la base de que todo año vivido me parece positivo, así de ingenua sigo siendo. Conclusión: ha sido un buen año. Aquí uno puede dejar de leer. Ha estado lleno de buenos momentos, de viajes, de disfraces (muchos) y buen trabajo e incluso salud. Pero también ha tenido sus sombras, algunas bastante difíciles de tragar, que han eclipsado el sol de mis días, por seguir la metáfora. Y aún así, aquí estoy, dispuesta a sonreír las más de las veces y a tirar p'alante. Supongo que porque hay muchas razones para ello, más que para dejarse vencer.
"El hombre es una criatura de esperanza e inventiva y ambas cualidades desmienten la idea de que no es posible cambiar las cosas" (Tom Clancy). Cambiar para mal (cosa que con frecuencia echo al olvido) y para bien (algo que me motiva). Hay cosas que nunca serán igual, aspectos de uno y de los demás que desconocemos hasta que nos ponemos en situación, todo un camino lleno de baches y constantes retos a nuestra suspicacia y aguante. ¿Para qué? ¿Por qué? No hay finalidad ni causa, simplemente son vidas que se cruzan, momentos significativos que nos pueden hacer perder el norte o encontrarlo. No me preocupa tanto por qué o para qué una prueba, sino cómo superarla... Pero bueno, en parte, a esto responderá 2011, 2012, 2013, 2014... Si tengo aliento para llegar a ellos, lo cual deseo, porque me gusta la vida. No me conformo con un mal, regular o buen año, quiero muchos más. No tengo suficiente de lo bueno y de lo malo. Aún no he definido ese "norte" hacia el que camino. Aún no sé muy bien quién soy. Y las cosas ya no van a ser iguales, nunca lo serán. Pero quizá no sean peores.
Puedo perder el mito de lo humano, pero no al ser humano. Lo dije hace un año: debía ver más la vida que me rodeaba y no mirarla. Y esto sucede también cuando uno ve. "No hay dolor más grande que el dolor de ser vivo", escribió Rubén Darío. Añado yo que tampoco hay mayor placer. Llamémoslo paradoja, que no masoquismo (sólo eso me faltaba para completar el cuadro de 2010). Digamos que en esa aparente contradicción es donde se sitúa la esperanza.
Partiré de la base de que todo año vivido me parece positivo, así de ingenua sigo siendo. Conclusión: ha sido un buen año. Aquí uno puede dejar de leer. Ha estado lleno de buenos momentos, de viajes, de disfraces (muchos) y buen trabajo e incluso salud. Pero también ha tenido sus sombras, algunas bastante difíciles de tragar, que han eclipsado el sol de mis días, por seguir la metáfora. Y aún así, aquí estoy, dispuesta a sonreír las más de las veces y a tirar p'alante. Supongo que porque hay muchas razones para ello, más que para dejarse vencer.
"El hombre es una criatura de esperanza e inventiva y ambas cualidades desmienten la idea de que no es posible cambiar las cosas" (Tom Clancy). Cambiar para mal (cosa que con frecuencia echo al olvido) y para bien (algo que me motiva). Hay cosas que nunca serán igual, aspectos de uno y de los demás que desconocemos hasta que nos ponemos en situación, todo un camino lleno de baches y constantes retos a nuestra suspicacia y aguante. ¿Para qué? ¿Por qué? No hay finalidad ni causa, simplemente son vidas que se cruzan, momentos significativos que nos pueden hacer perder el norte o encontrarlo. No me preocupa tanto por qué o para qué una prueba, sino cómo superarla... Pero bueno, en parte, a esto responderá 2011, 2012, 2013, 2014... Si tengo aliento para llegar a ellos, lo cual deseo, porque me gusta la vida. No me conformo con un mal, regular o buen año, quiero muchos más. No tengo suficiente de lo bueno y de lo malo. Aún no he definido ese "norte" hacia el que camino. Aún no sé muy bien quién soy. Y las cosas ya no van a ser iguales, nunca lo serán. Pero quizá no sean peores.
Puedo perder el mito de lo humano, pero no al ser humano. Lo dije hace un año: debía ver más la vida que me rodeaba y no mirarla. Y esto sucede también cuando uno ve. "No hay dolor más grande que el dolor de ser vivo", escribió Rubén Darío. Añado yo que tampoco hay mayor placer. Llamémoslo paradoja, que no masoquismo (sólo eso me faltaba para completar el cuadro de 2010). Digamos que en esa aparente contradicción es donde se sitúa la esperanza.

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