Me parece tan impactante la semana de pérdidas que llevamos que no he podido resistirme a escribir algo. Primero fue Antonio Vega, creador de bellísimas canciones como Azul o La chica de ayer, y al que se homenajeó en los bares este fin de semana, no podía ser de otra manera, despertando la emoción y poniendo un poco de esa nostalgia en nuestros ojos. Después, este sábado, me encontré con una mirada inconfundible, inquisitiva, directa. Carlos Castilla del Pino abandonaba este mundo, no sin dejar testimonio de su existir en dos volúmenes, Pretérito imperfecto y Casa del Olivo. El primero de ellos nos lo recomendaron en la facultad como ejemplo de buena autobiografía y, la verdad, la minuciosidad de su relato no deja indiferente, no sólo como testimonio de su tiempo, sino como ejemplo de cómo las personas nos sobreponemos a la dureza de la vida. Además, siempre me gustó su título, la idea de que el pasado es como es, sí, y no se puede modificar, una obviedad que a veces pasamos por alto.
Por último, esta mañana me encuentro con que es Mario Benedetti el que se marcha, dejando el mundo mejor de lo que se encontró, eso sí. No me gusta esto de los obituarios, pero no podía pasar sin hablar de la huella que dejan en nuestra vida tantas personas, desde la distancia y sin saberlo. Se preguntaba el poeta qué les queda a los jóvenes, cuando todo alrededor niega el progreso, el sueño...
tender manos que ayudan/abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines del pasado
y los sabios granujas del presente
Y sí, eso nos queda a todos, que no es poco, recuperar el habla y la utopía para salir de nuestro laberinto, para construir sin hormigón.
Esta primavera tiene alguna esquina rota, pero está en todas partes y se irá y luego volverá, para irse otra vez, llevándose tantas cosas y dejándonos tantas otras.

Pues sí, unas pérdidas tremendas. No sabía lo de Castilla Del Pino, me ha sorprendido mucho. Creo que leeré de nuevo sus autobiografías, son impactantes. Yo confío en que esta primavera también, sin saberlo, nazcan buenos poetas como Mario, buenos cantantes como Vega y buenos doctores como Del Pino.
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