Septiembre tiene el color y el sabor de las películas de Woody Allen, pero sin Nueva York. Parece que confluyen todos los tiempos pasados en uno: el invierno, el futuro, el presente, la primavera, el otoño, el pasado, el verano... Y es que este último se ha marchado para no volver, al menos, hasta dentro de nueve no tan largos meses. Ups! Casi me entran ganas de cantar eso de “Quiero verano, no lo puedo resistir... oh oh!!”.
Pero esta entrada no pretende ser melancólica, al menos no voy a dejar que lo sea (con lo fácil que sería). Así que, propongo una lista de maravillosas cosas que dejamos atrás por fin y otras tantas que nos llegan.
Atrás quedó:
- El domingo en el que te quedaste sin playa y sin plan, sin nadie en la ciudad, sin pelis en el cine, sin bares donde tapear...
- Las cucarachas que sólo quieren caminar por el asfalto desierto...
- Las canciones del verano, la nueva versión del Jonathan y la del que tiene de tó...
- Los mementos de momentos de otros veranos perdidos, olvidados en el olvido...
- Las maletas llenas de ropa de vuelta de algún lugar: lavadora, secadora, tabla de planchar...
- Los mosquitos, esos pequeños cabroncetes...
Acá llega:
- La nueva temporada, no sólo de las series de ficción, sino de los auténticos seriales que pueden ser nuestras peripecias vitales...
- Regreso al curro, venga ya, no seáis mezquinos, que trabajar ennoblece, que hay un montón de libros que lo incluyen en su título: Los trabajos y los días, Los trabajos de Persiles y Sigismunda... Curiosamente no se me ocurren más! (Ains!)
- Las bufandas...
- Los amigos que se esparcen por el mundo turístico o playero y vuelven, con la frente marchita, pero contando miles de historias y dispuestos a contarlas delante de una cerveza...
- Las fotos...
- La ilusión de un comienzo...
- Los conciertos...
Y sí, diciendo todo esto, no puedo evitar recordar todo lo bueno que se marcha también:
- El mar, que nos ha acunado para la vida, y el reflejo de la luna en él...
- El tiempo libre para hacer nada y todo...
- El sol tostándonos en la arena...
- Las piñas coladas, mojitos y cubatas en una terraza...
Aunque me doy cuenta de que estas son cosas que podemos hacer el resto del año, sin el mismo encanto, quizá... Pero, como digo, no es un post de llanto por lo que se ha ido, sino de optimismo, de expectativa, ante lo que viene. Después de todo, como dice la Mala, “si la vida no me sonríe, yo le hago cosquillitas”.
Pero esta entrada no pretende ser melancólica, al menos no voy a dejar que lo sea (con lo fácil que sería). Así que, propongo una lista de maravillosas cosas que dejamos atrás por fin y otras tantas que nos llegan.
Atrás quedó:
- El domingo en el que te quedaste sin playa y sin plan, sin nadie en la ciudad, sin pelis en el cine, sin bares donde tapear...
- Las cucarachas que sólo quieren caminar por el asfalto desierto...
- Las canciones del verano, la nueva versión del Jonathan y la del que tiene de tó...
- Los mementos de momentos de otros veranos perdidos, olvidados en el olvido...
- Las maletas llenas de ropa de vuelta de algún lugar: lavadora, secadora, tabla de planchar...
- Los mosquitos, esos pequeños cabroncetes...
Acá llega:
- La nueva temporada, no sólo de las series de ficción, sino de los auténticos seriales que pueden ser nuestras peripecias vitales...
- Regreso al curro, venga ya, no seáis mezquinos, que trabajar ennoblece, que hay un montón de libros que lo incluyen en su título: Los trabajos y los días, Los trabajos de Persiles y Sigismunda... Curiosamente no se me ocurren más! (Ains!)
- Las bufandas...
- Los amigos que se esparcen por el mundo turístico o playero y vuelven, con la frente marchita, pero contando miles de historias y dispuestos a contarlas delante de una cerveza...
- Las fotos...
- La ilusión de un comienzo...
- Los conciertos...
Y sí, diciendo todo esto, no puedo evitar recordar todo lo bueno que se marcha también:
- El mar, que nos ha acunado para la vida, y el reflejo de la luna en él...
- El tiempo libre para hacer nada y todo...
- El sol tostándonos en la arena...
- Las piñas coladas, mojitos y cubatas en una terraza...
Aunque me doy cuenta de que estas son cosas que podemos hacer el resto del año, sin el mismo encanto, quizá... Pero, como digo, no es un post de llanto por lo que se ha ido, sino de optimismo, de expectativa, ante lo que viene. Después de todo, como dice la Mala, “si la vida no me sonríe, yo le hago cosquillitas”.

como bien dices en el título: cambios, cambios, cambios.
ResponderEliminarA mí es que me gusta septiembre, porque viene mi cumple, hace un calor soportable y porque hasta octubre no pienso dar ni palo en el trabajo...
ResponderEliminarAdemás, la melancolía del otoño es una estado más bonito que la euforia del verano.
Sí, amiguicos míos, los cambios no están nada mal. Me ha dado por pensar que hay que cambiar para no cambiar (estúpida contradicción, tuvo que ocurrírseme borracha, jeje).
ResponderEliminarPor eso creo que la melancolía que los cambios me producen es algo que debo ch-ch-change, según la antítesis.
Añado dos cosas aquí en privado: a) tampoco pienso dar palo al agua hasta que... y b) Juvenal, ¿a qué nos vas a invitar? ;)