Hay un amplio grupo de palabras que forman un campo semántico de todo lo que se siente y se disiente, de lo que se canta como bello, poético por recurrente, universal por humano, doliente por irremediable. A veces, nos regodeamos en ellas y sólo mencionarlas te pone en el interior un no sé qué que queda balbuciendo. Algunas de ellas son olvido, deseo, arrepentimiento, duda o perdón... Y según la palabra que elijamos para englobarlas, remedando al psicoanálisis, un juego tan obvio como efectivo (recuerdo cuánto desquiciaba a la Marnie de Hitchcock) estaremos revelando algo importante de nosotros mismos.
No obstante, una vez realizado el análisis semántico-sentimental, tendríamos sólo una visión parcial, cambiante, como al fin y al cabo somos, para bien. No me gusta que nos rindamos ante la predestinación de la humanidad, no me gusta que digan que hay que arrepentirse del error, buscar el perdón, trabajar para el olvido. Y no me gusta, porque el futuro no está escrito. Seguro que Marnie se cabreaba tanto por eso, por el dichoso encasillamiento.


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