viernes, 7 de mayo de 2010

Atravesando los montes

Este fin de semana voy a ver si atravieso los montes o el monte, que con uno no está mal. Buena compañía, aire fresco, ejercicio y, como petición, un buen trasvase de energía solar. Ya está bien de tanta divagación cervecera y ruidista, por mucho que me guste.

El ejemplo de Fray Luis, la vida retirada, libre de celo, de odio, de esperanzas, de recelo, me parece extrema y, peor, ABURRIDA, no por el entorno sino por la tranquilidad moral, por la ausencia de conflicto... No es que yo sea una reina del drama, lectores modelo, sabéis que no, pero para estar libre de celo, hay que pasar de puntillas por todo. Aun así, capto la idea de que desde la naturaleza las cosas se ven de otra manera, como cuando pasa el tiempo y nos da la perspectiva buena.
Los Planetas han logrado con su Ópera egipcia transmitir ese sentimiento, particularmente con la canción que da título a este post... Cuántas veces creímos morir de pena, antes de celebrar nuestra suerte... Y es que no veo amargura en esta canción, a pesar de quiénes la cantan, del tema en cuestión y de lo de "tendrás que llorar por mí", porque, siendo sinceros y conscientes, es nuestro deber y salvación, sufrir por aquellos actos propios que han dañado a ajenos. No es la única, pero sí es otra manera de llegar a las alturas.



Creí morirme de pena
cuando no querías verme.
Creí morirme de pena
y ahora bendigo mi suerte,
de no tenerte a mi vera,
de no tenerte a mi vera.
Y atravesando los montes
salí de Málaga un día,
y atravesando los montes
oí una voz que decía:
“chiquillo, no me conoces
tanto como me querías”,
tendrás que llorar por mí
tiene que llegar el día
en el que llores por mí,
lo mismo que yo estuve llorando
cuando te fuiste de aquí.

2 comentarios:

  1. Qué bonito post, por supuesto me apunto a atravesar el monte. Por otro lado dejo a continuación un poema de José Hierro que se me ha venido a la cabeza al leer lo que has escrito, es uno de mis poemas favoritos, un poco largo, pero memorable:

    Serenidad

    (Lectura de madrugada)

    Serenidad, tú para el muerto,
    que yo estoy vivo y pido lucha.
    Otros habrá que te deseen:
    ésos no saben lo que buscan.
    Si se durmieran nuestras almas,
    si las tuviéramos maduras
    para mirar inconmovibles,
    para aceptar sin amargura,
    para no ver la vida en torno
    apasionadamente nunca,
    duros y fríos, como piedra
    que sopla el viento y no la muda...

    Almas claras. Ojos despiertos.
    Oídos llenos de la música
    del dolor. Los dedos felices,
    aunque los hieran las agudas
    espinas. Todo el sabor agrio
    de la vida, en la lengua.

    «Nunca
    podrás mojar tu pie en el río
    en que ayer lo mojaste. Busca
    la eternidad, vive en la alta
    contemplación de su figura.»

    Palabrería de los libros
    de la que deja el alma turbia.
    Serenidad que se nos vende
    por librarnos de la tortura,
    por llenarnos de sueño el alma
    y rodeárnosla de bruma.
    Serenidad, tú para el muerto.
    El hombre es hombre, y no le asusta
    saber que el viento que hoy le canta
    no volverá a cantarle nunca.
    Serenidad, no te me entregues
    ni te des nunca,
    aunque te pida de rodillas
    que me libertes de mi angustia.
    Será que vivo sin saberlo
    o que deserto de la lucha.
    Tú no me escuches, no me eleves
    hasta tu cumbre de luz única.

    Palabrería de los libros
    de la que deja el alma turbia.
    Yo también me hago un poco libro,
    me duermo el alma...

    Luz difusa.
    La madrugada se desgaja
    agria y azul, como una fruta.
    Cantan los pinos a lo lejos.
    Un niño llora. Las desnudas
    mujeres y hombres silenciosos
    salen despacio de las últimas
    sombras. Los pájaros me esperan.
    Se alzan las olas. (Me preguntan
    por qué.) Campanas... (Ayer niebla,
    hoy claro sol y luego lluvia...)
    ¿Por qué? Las hojas se estremecen...

    Voy inundándome de música.

    De "Tierra sin nosotros" 1947

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  2. Qué precioso el poema!

    "El hombre es hombre, y no le asusta
    saber que el viento que hoy le canta
    no volverá a cantarle nunca".

    A veces pienso que el punto de vista de los adolescentes, el de ser el centro del mundo, el protagonista, al menos de tu historia, claro, inmortal, es el que todos deberíamos tener. Y que la gran pérdida de los años es esa "serenidad", que tan bien me has traído aquí.

    Vamos pa'l monteeee!

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