viernes, 18 de junio de 2010

Moneda al viento, esa vieja dama

Es una verdad universalmente reconocida que todo no está bajo nuestro control, que el caos que supone el azar, para muchos un orden (llamémoslo destino, causalidad, fortuna), no es más que un vaso para mezclar, un cubata (?) que a veces está un poco cargado y otras no lleva suficiente. Que a veces estamos en la cuerda floja (de ahí la fotografía a la cabecera) y no sabemos por qué nos hemos subido, aunque sospechamos que es la emoción lo que nos engancha a ella. Y, sin embargo, cuando pones el empeño en algo que no funciona, cuando descubres que la intención no es suficiente para tener éxito, lo único que te queda es el dichoso azar... Apelar al orden cósmico, a la música matemática que se esconde en nuestra trayectoria pasada, presente y futura: "todo sucede por algo".

No pongo mis esperanzas (ni ganas) en que alguien esté manejando los hilos del devenir ahí arriba, pero esta idea de una razón de la sinrazón me gusta. Aunque solo sea por echar otra vez la moneda al viento.



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