"Así, frente a la turbamulta que se precipita a recoger los dones del mundo, ventajas, fortuna, posición, me quedé siempre a un lado, no para esperar, como decía mi hermana, a que acabaran, porque sé que nunca acaban o, si acaban, que nada dejan, sino por respeto a la dignidad del hombre y por necesidad de mantenerla; y no es que crea no haber cometido nunca actos indignos, sino que éstos no los cometí por lucro ni por medro. Verdad que la actitud puede parecer a algunos tontería, y no ha dejado de parecérmelo también a mí bastantes veces. Pero ya lo dijo hace muchos siglos alguien infinitamente sabio: "carácter es destino".
Luis Cernuda concluía así el Historial de un libro, el comentario en prosa a uno de los más grandes poemarios de la historia, La Realidad y el Deseo. Y desde entonces no dejo de darle vueltas al aforismo, cuyo origen rastreé hasta llegar a Heráclito: Ethos antrophos daimon. Estamos rodeados de miles de circunstancias que nos condicionan, de situaciones azarosas que tuercen y hacen converger nuestros caminos, pero al final de toda decisión, de toda actuación y pensamiento estamos nosotros mismos, y más, nuestro carácter.
En fin, reflexionar sobre el carácter propio es algo fundamental, pero no por el simple ejercicio ególatra que supone, sino por lo mucho que aclara nuestros aciertos y errores, los vicios y las virtudes (el "Conócete a ti mismo" que hay inscrito en el Templo de Apolo en Delfos). Y lo que este Ethos antrophos daimon me ha hecho cuestionar, no es tanto la necesidad de ese autoconocimiento, como el temor de no poder justificarme mi vida sin tener en cuenta la responsabilidad de mi propia actitud. No sabré de dónde vengo ni a dónde voy, pero quizá sí sé algunas razones de por qué estoy donde estoy. Empiezo a entender por qué llamaban a Heráclito "el oscuro".
Luis Cernuda concluía así el Historial de un libro, el comentario en prosa a uno de los más grandes poemarios de la historia, La Realidad y el Deseo. Y desde entonces no dejo de darle vueltas al aforismo, cuyo origen rastreé hasta llegar a Heráclito: Ethos antrophos daimon. Estamos rodeados de miles de circunstancias que nos condicionan, de situaciones azarosas que tuercen y hacen converger nuestros caminos, pero al final de toda decisión, de toda actuación y pensamiento estamos nosotros mismos, y más, nuestro carácter.
En fin, reflexionar sobre el carácter propio es algo fundamental, pero no por el simple ejercicio ególatra que supone, sino por lo mucho que aclara nuestros aciertos y errores, los vicios y las virtudes (el "Conócete a ti mismo" que hay inscrito en el Templo de Apolo en Delfos). Y lo que este Ethos antrophos daimon me ha hecho cuestionar, no es tanto la necesidad de ese autoconocimiento, como el temor de no poder justificarme mi vida sin tener en cuenta la responsabilidad de mi propia actitud. No sabré de dónde vengo ni a dónde voy, pero quizá sí sé algunas razones de por qué estoy donde estoy. Empiezo a entender por qué llamaban a Heráclito "el oscuro".

No hay comentarios:
Publicar un comentario