viernes, 22 de mayo de 2009

El mar es un azar



Cuando comencé con este blog, tenía una idea rondando mi cabeza... Pensaba que a lo mejor, para cambiar el rumbo, podía bastar con lanzar una moneda al viento o una botella al mar... En ese momento, me parecía algo casi revolucionario: ¿quién, en estos tiempos de crisis, se atrevería a tirar sus euros tan alegremente? ¿Cómo arriesgar el corazón dándolo ya por perdido? ¿Y si el mar, presumido, te devuelve la botella tal cual? No sé cómo, esas dos imágenes, la moneda y la botella, vinieron a mí y me hicieron sentir libre... Libre en el azar, una paradoja.

Pues, el otro día, recordando a Mario Benedetti me topé con un poema titulado "Botella al mar", en realidad, he descubierto que se trata de dos poemas, uno de 1979 y otro de 1986.


BOTELLA AL MAR (1979)
Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.


BOTELLA AL MAR (1986)

El mar es un azar,
¡qué tentación echar una botella al mar!
Poner en ella, por ejemplo,
un brillo, un barco sin velamen y una espiga,
sobrantes de lujuria, algún milagro y un folio rebosante
de noticias.
Poner un verde, un duelo, una proclama,
dos rezos y una cábala indecisa;
el cable que jamás llegó a destino
y la esperanza pródiga y cautiva;
El mar es una azar
¡qué tentación echar una botella al mar!
Poner en ella, por ejemplo,
un tango que enumerara todos los pretextos para
apiadarse de uno mismo
y quedarse en el borde de otro sueño,
poner promesas como sobresaltos
y el poquito de sol que da el invierno
y un olvido flamante y oneroso
y el rencor de los siglos que los sigue como un perro.
El mar es un azar,
¡qué tentación echar una botella al mar!
Poner en ella, por ejemplo,
un naipe, un afiche de Dios -el de costumbre-,
el tímpano vanal del horizonte, el reino de los cielos
y las nubes,
poner recortes de un asombro inútil,
un lindo vaticinio de agua dulce,
una noche de rayos y centellas y el saldo de veranos y de azules.
El mar es un azar,
¡qué tentación echar una botella al mar!
Pero en esta botella navegante
sólo pondré mis versos en desorden,
en la espera confiada de que un día
llegue a una playa cándida y salobre
y un niño la descubre y la destape,
y en lugar de estos versos halle flores y alertas
y corales y baladas
y piedritas del mar y caracoles.
El mar es un azar,
¡qué tentación echar una botella al mar!

Y encontrar este poema, con este título y con lo que nos canta, me ha parecido algo bello e inesperado, fruto de este azar que tantas cosas provoca y que nos hace mantener la esperanza, pródiga y cautiva porque, a veces, nuestras botellas llegan hasta niños, que ordenan nuestros versos... Qué, si no, esperamos desde aquí...

2 comentarios:

  1. Yo y el mar. Todos y el mar. Porque ese sonido quizás nos recuerde al líquido amniótico, etapa en la que nacimos y vivimos en absoluta paz.

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  2. Qué bien encontrarte por aquí, Quique!

    Curioso lo que dices, me estoy acordando de "La ruta natural", un corto interesante.
    http://www.youtube.com/watch?v=JtykW5VtUWs

    Y de la canción de Charles Trenet:

    La mer
    a bercé mon coeur pour la vie.

    ("El mar ha acunado mi corazón para la vida")

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